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2011-10-08 | Cultura

La raza negra en Chile


Supuestamente, en la conformación étnica de nuestro país no existe el factor africano. A lo largo de su historia, Chile nunca ha tenido una población importante de individuos de raza negra y, por lo tanto, su influencia en nuestra herencia genética es prácticamente nula.

Tampoco encontramos rasgos negroides en nuestro folklore ni en otra expresión cultural que determine nuestra identidad como chilenos. El rumor dice que esta nación fue forjada gracias a elementos europeos e indígenas. De los negros: mejor ni hablar.

Sin embargo, todas estas aseveraciones no pueden estar más alejadas de la realidad. Aunque en Chile lo africano no está presente en el grado de otros países latinoamericanos -como Cuba o Brasil-, negar su influencia es un lamentable desacato para nuestra historia e identidad como pueblo. Está documentado, por ejemplo, que nuestra música y baile nacional, la cueca, tiene indudables rasgos negroides en su conformación. Y éste no es un acontecimiento aislado ni mucho menos fortuito. Como todos los países de este continente, el nuestro es una nación forjada por innumerables cruces raciales y culturales, una simbiosis social que no puede negarse. Chile es un país mestizo y dentro de su mestizaje encontramos al africano presente.

Ya en las primeras avanzadas europeas sobre este territorio, la gente del color del ébano pisó estas latitudes. Según el historiador Francisco Antonio Encina, el trece por ciento de los "exploradores" con que Diego de Almagro "descubrió" Chile eran de raza negra. El también historiador chileno Gonzalo Vial Correa afirma: "Hacia el año 1558, el número de negros, mulatos y zambos bordeaba en Chile los 5.000, contra 2.400 españoles, 17.000 mestizos y 48.000 indígenas, o sea, la población chilena no puramente india, al terminar el s. XVI, casi un 20% llevaba en la sangre estigma africano".

Durante la época colonial, nuestro país participó, lamentablemente, de una de las barbaridades más grandes cometidas en la historia de la humanidad: la esclavitud. En Chile existieron negros esclavos, tanto bozales como ladinos.

Dos eran las principales rutas por donde los esclavos llegaban a nuestro país. La primera partía en la península ibérica, haciendo escala en las islas Canarias, para recalar en Porto Bello, Panamá o Cartagena de Indias. Los traficantes vendían y adquirían grandes cantidades de "mercancía" negra, de las cuales un tercio debían ser hembras según los dictámenes de la legislación española. Las "piezas" eran derivadas a los mercados de Nueva España, Centroamérica y Perú. Los esclavos rematados en estos puertos aumentaban considerablemente su valor cuando llegaban al Callao. Aquellos que lograban llegar hasta el puerto de Coquimbo o Valparaíso, últimos bastiones del trayecto, costaban el doble y hasta el triple de su valor original


La raza negra en Chile, página 2

La segunda ruta de acceso partía desde Buenos Aires, pasaba por Cuyo hasta llegar a Mendoza y de allí cruzaba la cordillera hasta el valle del Aconcagua, donde los negros eran derivados a Santiago o Valparaíso. Esta ruta, más directa que la anterior y muchas veces compuesta por "mercancía ilegal", era bastante más barata. Muchos comerciantes chilenos la utilizaron incluso para vender esclavos en el Perú.

Valparaíso fue en el siglo XVIII un importante puerto esclavista. Por ejemplo, en 1783 se embarcaron 2.180 negros rumbo al Callao. Francoise Frézier, un ingeniero galo que en 1712 visitó nuestro país, nos deja una importante descripción de lo que era por entonces esta ciudad marítima: "Al pie de la fortaleza, en una quebrada muy chica, está la aldea de Valparaíso, compuesta por un centenar de pobres casas, mal dispuestas y de diferentes niveles (...) De ciento cincuenta familias que puede haber, apenas se cuentan treinta blancos, el resto se compone de negros, mulatos y mestizos".

En Santiago la barriada de Guangualí (hoy calle Manuel Rodríguez"), tenía su "corral" donde el marqués de la Casa Real confiaba al mulato Roque el rol de "martillero" de los esclavos que traía desde Argentina.

Si bien en 1811 nuestro país prohibió la esclavitud gracias a la ley de "Libertad de Vientres" dictada por don Manuel de Salas, siete años después aún se podía leer la siguiente gacetilla en un periódico metropolitano: "Se vende un mulato de 22 a 24 años de buenas costumbres y en precio cómodo; el que lo quiera comprar véase con don Felipe Santiago del Solar".

Cuando el Ejército Libertador llegó a Chile en 1817, dos batallones (7° y 8°) estaban compuestos en su totalidad por negros africanos y criollos reclutados por San Martín en la Argentina. Según el historiador alemán Eckart Kroneberg: "Los más valientes, los más audaces hombres del General tienen la piel negra, porque San Martín ha comprado la libertad a estos esclavos africanos con las múltiples donaciones recibidas, para reforzar con ellos su Ejército Libertador. Estos negros aceptan gustosos la nueva esclavitud que, en caso de triunfar, los llevará a la libertad. Componen la primera fuerza de ataque y están ubicados delante de la artillería".

Estos infantes africanos mostraron su valentía en la batalla de Chacabuco, acontecimiento fundamental para nuestra definitiva emancipación de la corona española. Conducidos por sus jefes respectivos, Conde y Cramer, estos dos batallones fueron los encargados de enfrentar cuerpo a cuerpo las líneas enemigas y alzarse con la victoria. Dos años después, los tenemos luchando en la batalla de Maipú. Historiadores de la talla de Benjamín Vicuña Mackena, Francisco Antonio Encina y Barros Arana, coinciden en señalar el importantísimo rol que estos africanos jugaron en nuestra independencia.

Con el inicio de la República, la población africana comenzó a diluirse en el mestizaje. Gracias a la abolición completa de la esclavitud dictada en 1823, Chile pasó a ser la segunda nación en el mundo, después de Dinamarca, en tomar esta resolución. De esta manera, la minoría africana, que habitaba principalmente las ciudades de Santiago, Quillota y Valparaíso, comenzó a mezclarse con indios, gitanos y europeos, aportando parte de su herencia en la conformación étnica y cultural de nuestro pueblo.

Sin embargo, todavía nos queda una historia por contar. Un acontecimiento que se inicia en 1929 cuando la ciudad de Arica definitivamente se anexa a nuestro país. Allí, en la provincia de Tarapacá, una gran cantidad de afrodescendientes comienzan a vivir bajo jurisdicción chilena. Es la Arica negra. La del valle de Azapa, los carnavales y la Cruz de Mayo. Un lugar donde tener la piel oscura no es anécdota, sino una razón por la cual sentirse orgulloso.

¿Qué es Oro Negro?

"Oro Negro" es la primera Fundación de Afrodescendientes de Chile. Su aparición a la luz pública ocurrió el 5 de diciembre del año 2000 en el marco de la “Conferencia Regional sobre Discriminación y el Racismo” realizada en el edificio Diego Portales de la ciudad de Santiago. Sin embargo, formalmente se constituyó en el mes de abril del 2001. Su centro de operaciones está en Arica, debido principalmente a que esta ciudad, especialmente en el valle de Azapa, es la que concentra mayor población afrodescendiente en el país.

Objetivos:

Lograr el reconocimiento político y social de los afrodescendientes de Chile
Rescatar y difundir las raíces culturales de los afrodescendientes.
Capacitar y facilitar la participación directa de los afrodescendientes en áreas como: Salud, Educación, Participación Ciudadana, Artes y Deportes.
Proteger a los afrodescendientes en materias sociales como: Salud, Educación, Alimentación, Vivienda, Trabajo y Discriminación.
Para llevar a cabo todo estos objetivos, "Oro Negro" realizará cursos y talleres culturales (música, danza, artes plásticas, deportes, etc.) y contará con un equipo de profesionales encargado de resolver los problemas sociales de la población afrodescendiente.

Con el paso del tiempo y con la madurez de la vida que me ha enseñado a conocer y saber más de mí, les doy la bienvenida a esta página. Gracias a esa latente inquietud de sentirnos diferentes, de la búsqueda incansable de nuestra identidad, de nuestras raíces, de saber sobre aquellos pueblos que lo sufrieron todo, de las víctimas de la esclavitud, la segregación y el racismo, lanzamos a través de esta fundación un grito desesperado para terminar contra la pobreza y la miseria de la humanidad.

Qué amargo es saber que somos producto de etapas históricas tan viles e indignas como la esclavitud, el colonialismo y la guerra. El sentirnos herederos de tanta injusticia provocada por el propio hombre, quien errado en su rumbo y pensamiento ha creído en la superioridad de unos sobre otros. Debemos entender que todos los seres humanos estamos conformados de la misma materia orgánica y que hasta ahora sólo existe una sola raza sobre la faz de la tierra: la raza humana.

Nadie elige cómo, cuándo y dónde nacer. Sin embargo, nuestros antepasados al ser víctimas del tráfico humano, como cuando se intercambia cualquier mercancía, no tuvieron la libertad de decidir sobre su futuro y la vida que deseaban para sus descendientes. Contra su voluntad fueron arrancados de sus raíces y, como un rodado de aceitunas negras, se disgregaron por los confines del mundo. Sabemos que en nuestro país vamos quedando pocos, perdidos entre muchos rostros. No obstante, nuestra particular forma de ser es el reflejo de un origen que no se olvida. Herencia que hoy se traduce en una permanente necesidad, una verdadera pasión por encontrar nuestra identidad y así aportar en el ideal de transformar al Chile discriminativo en un Chile pluralista, respetuoso, diverso, tolerante y equitativo.

Nosotros, los afrodescendientes, enfrentamos la discriminación racial con mucha sabiduría. Nos ponemos de pie para decirle a la comunidad mundial que los descendientes de la negra esclavitud hemos buscado una forma de reencuentro llamada "Oro Negro", organización que nos permitirá crecer y vivir con un estilo propio, con nuestra particularidad de hacer de cada letra una canción, de cada pena una alegría, de cada ruido un baile, de cada sonrisa una amistad y de cada mano muchas manos para ayudar.

Los invitamos a recorrer nuestra página y conocer una cultura por siglos discriminada y que hoy, en este milenio, busca ansiosamente su lugar, ese lugar que algún día estuvo preparado para todos y que el hombre torció en su camino. Desde este punto del planeta lucharemos unidos como una sola América, esperanzados en crear una cultura transversal donde respetando la diversidad, lograremos la igualdad.

Sonia Salgado Henríquez
Presidenta Fundación Oro Negro

http://usuarios.multimania.es/oronegro/presentacion.htm

contacto:

oronegrochile@hotmail.com


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