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2011-10-17 | Adulto Mayor

La educación de " Personas Mayores " en el Contexto Europeo


La educación de personas adultas ha experimentado importantes cambios en las últimas décadas. Hoy es preciso distinguir al menos tres etapas diferentes: la adultez inicial, intermedia y tardía. Más importante que el incremento cuantitativo de las denominadas “personas mayores” están los cambios sociales y educativos que les afectan.

Resumen:
Normalmente gozan de una aceptable salud y un porcentaje, cada vez mayor, trata de promover un “envejecimiento activo”. En el proceso de esta etapa, el interés ya no es solo ocupar el “tiempo libre” sino que se incrementa su preocupación por implicarse en actividades y programas formativos que no estaban a su disposición en tiempos pasados.
A partir de la década de 1970 son múltiples las intervenciones educativas que, con diferentes denominaciones, se han orientado hacia la formación de las personas mayores: “Aulas de la Tercera Edad”, Universidades de la Tercera Edad; “Programas Universitarios para mayores” etc.

En este artículo se expone la política socioeducativa con las personas mayores en el contexto europeo y se destaca, sobre todo, la situación más particular en el caso de España y Portugal.

LA EDUCACIÓN DE “PERSONAS MAYORES” EN EL CONTEXTO EUROPEO

1.- LAS DISTINTAS ETAPAS DE LA ADULTEZ.

Una de las transformaciones sociales más importantes que se han producido desde mediados del siglo pasado está relacionada con la mayor esperanza de vida de las personas. Los cambios demográficos están determinando una diferente representación de la denominada “pirámide de edad”. Por primera vez en la historia las personas de “más de 65 años” (21,05%) superan a los más jóvenes (0-14 años: 11,85%) con una edad intermedia (15-64) que, dada la amplitud cronológica, supone el 68,08% del último censo (2000 a la espera de elaboración de que corresponde al 2010). Con los datos más actualizados anualmente (I.N.E., 2007) las referencias son las siguientes para los mismos grupos: 14,80%; 18,02% y 67,17 %.

Estos breves datos nos indican diferentes tendencias: las propiamente estadísticas del incremento cuantitativo de las personas edad y las sociales relacionadas con los servicios comunitarios (residencias y otras instituciones; incremento de atención sanitaria etc.) oportunidades de una mejor ocupación de su tiempo libre etc. El aumento de la esperanza de vida, a partir del momento de la jubilación, tendrá consecuencias en el contexto de su participación social e implicará generar nuevos espacios para quienes no solo deseen la satisfacción de sus necesidades básicas asistenciales sino su enriquecimiento personal y cultural. En este dirección caminan diferentes propuestas de formación en Europa para hacer posible el “ideal de la educación permanente” o, en otros términos “la educación a lo largo de la vida” (Longworth, N. 2003 y 2005).

Los datos demográficos y el propio contexto social son los que determinan diversas intervenciones en el “amplio colectivo adulto”. Un colectivo que ya no resulta homogéneo y cada vez más se destaca, en los estudios del desarrollo humano, entre la adultez “intermedia” y la adultez “tardía” si bien no existe un referente exclusivo para su determinación precisa. La primera está más conectada con la etapa de implicación laboral-profesional de las personas. En todo caso este referente genérico no puede ser considerado como único y definitivo dadas las transformaciones que se producen en la sociedad actual.

En cuanto a la “adultez tardía” el “momento de la jubilación” puede marcar, de alguna manera, una connotación particular pero nunca exclusiva. Desde la teoría del denominado “ciclo vital” (Fernández Ballesteros, R., 2000) la naturaleza del desarrollo humano y del envejecimiento no es exclusivamente “biológica” sino también “cultural”. Está influenciada ciertamente por factores relacionados con la edad pero también con determinantes que tienen que ver con la historia y la cultura. Para Neugarten N.L. (1999) el ciclo de la vida tiene dos condiciones fundamentales: los eventos que suponen transición para el individuo y que corresponden fundamentalmente a la “adultez intermedia” (matrimonio, hijos, logros profesionales…) y la etapa del “retiro/jubilación” (como inicio de la adultez tardía) que nada tienen que ver con la visión pesimista relacionada con la enfermedad, declive, pasividad etc. Existe por tanto una extraordinaria diversidad en las formas de envejecer que no ocurre al azar sino que depende, en gran parte, de lo que el individuo y el contexto social promuevan.

2.- LA POLÍTICA SOCIO-EDUCATIVA CON LAS PERSONAS MAYORES.

Tal como indica Florentino Sanz (1995) la formulación del concepto de adultez puede considerarse desde cuatro puntos de vista a) Antropológico-jurídico. Se es adulto cuando se deja de ser joven aunque la interpretación de la edad depende de cada cultura. Desde el contexto jurídico la edad es un determinante básico en nuestra sociedad (a partir de los 18 años) en la que la persona debe asumir la responsabilidad legal propia del adulto; b) Sociológico a través de la idea de las generaciones (la que declina, la reinante y la ascendente) lo que se relaciona con las referencias anteriormente indicadas: adultez inicial, adultez intermedia y adultez tardía); c) Psicológico: caracterizado por la etapa de madurez, cuando la persona adulta ha llegado a su desarrollo pleno y vive en él; d) Pedagógico que ha estado y sigue estando asociada, todavía en gran parte, a una educación compensatoria para las personas que no tienen los certificados académicos elementales y que acuden a estas oportunidades.

Hoy este contexto pedagógico se ha transformado radicalmente. El incremento de la población mayor está generando en la sociedad actual no solo cambios demográficos sino transformaciones sociales que se deben tener en cuentan.

Dos referentes importantes en esta política sobre las personas de edad son las “Asambleas Internacionales (Viena 1982 y Madrid 2002). En el primer encuentro se destacan los” principios básicos a favor de las personas mayores”: 1) independencia que incluye derecho a la alimentación, vivienda, salud, y educación: “acceso a programas educativos y formación adecuados”; 2) participación en las políticas que afectan a su bienestar; 3) cuidados no solo respecto a la salud sino al acceso a los servicios sociales y jurídicos; 4) autorrealización: acceso a los recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos de la sociedad; 5) dignidad: poder vivir con seguridad y verse libre de explotaciones y malos tratos físicos y mentales.

Por su parte el encuentro de Madrid, bajo el lema de “una sociedad para todas las edades”, considera que la formación de las personas adultas debe implicar cuatro consideraciones: 1) el desarrollo individual durante toda la vida; 2) las relaciones multigeneracionales; 3) la interacción entre envejecimiento de la población y desarrollo; 4) atender la situación particular de las personas mayores.

En síntesis, se juzga necesario que ha llegado el momento de instaurar un nuevo paradigma que considera a las personas mayores participantes activos de una sociedad que integra el envejecimiento y que sitúa a dichas personas como contribuyentes activos y beneficiarios del desarrollo.

En cuanto al tema educativo se marca la necesidad de que una sociedad basada en el conocimiento “requiera la opción de políticas para garantizar el acceso a la educación y la capacitación durante todo el curso de la vida (Orte Socías, C., 2006).

3.- LA FORMACIÓN DE PERSONAS MAYORES EN EL CONTEXTO EUROPEO: PERSPECTIVA HISTÓRICA.

En el año 1972 el profesor Pierre Vellas promueve, en la Universidad de Toulouse (Francia), la creación de lo que se denominan las “Universidades de la Tercera Edad” (UTE). Tal propuesta tuvo sus dificultades. No se entendía muy bien “abrir las puertas” del recinto universitario a personas de edad con diferentes niveles de estudios y en un ámbito de formación donde se buscaba la profesionalización de los jóvenes y al mismo tiempo se exigían unas requisitos previos para el acceso (Lemieux, A. 1997).

A pesar de estas dificultades “la Unidad de docencia e investigación” (Estudios Internacionales y de Desarrollo) crea la Universidad de la 3ª Edad (término comúnmente usado en aquellos tiempos y hoy en gran parte sustituido por el de “personas mayores” en nuestro contexto).

Detrás de esta decisión había unos objetivos claros. Con carácter general se destacan los siguientes: 1) retrasar el proceso de envejecimiento; 2) acceso al patrimonio cultural; 3) ejercer responsabilidades nuevas por parte del colectivo adulto para contribuir a su desarrollo; 4) estudio e investigación sobre los problemas de la vejez; 5) promover un arte de vivir la Tercera Edad.

En el caso de España el interés por la formación de las personas mayores surge en 1978. Es impulsada por la “Dirección General de Desarrollo Comunitario” a propuesta de la “Subdirección General de la Familia” que firma diferentes convenios con entidades culturales para promover este tipo de instituciones siguiendo el modelo europeo de las denominadas “Universidades de la Tercera Edad”. Sin embargo en nuestro país se prefiere la denominación de “Aulas de la Tercera Edad” al considerarlas como “centros socioculturales” y al mismo tiempo se procura evitar y no extrapolar el término “Universidad”. En el marco europeo se trata de precisar la especificidad de la formación que van otorgar las diferentes instituciones con el añadido explícito de la “tercera edad”.

Las Universidades pueden estar abiertas a la formación de las personas de cualquier edad pero conviene distinguir los programas que tienen una función profesionalizante, dedicados fundamentalmente a las generaciones jóvenes, de aquellos que deben orientarse a las personas mayores. Su gran objetivo general es asumir la estrategia de un “envejecimiento activo”. Se trata de mantener la participación y la inclusión de los mayores como “ciudadanos de plenos derechos”.

El concepto y la praxis de dicha propuesta puede sintetizarse en la expresión de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.): “se han añadido años a la vida, ahora debemos añadir vida a los años”. Ello sugiere una estrategia general de estilo de vida para preservar la salud física y mental y fundamentalmente “la educación y formación a lo largo de la vida”. Se pretende que la generación de “los mayores” tenga oportunidades de inclusión como ciudadanos de pleno derecho y el acceso a insertarse y no ser excluidos de la denominada” sociedad del conocimiento” que les permita no solo los derechos de la “protección social” sino de la “educación y formación a lo largo de la vida”.

3.1.- Evolución y desarrollo de la formación de personas mayores en Europa.

En el origen de las Universidades de la Tercera Edad se entrecruzan tres matrices fundamentales: a) la matriz social: otorgar a este grupo de edad un contexto de encuentro con otras personas para salir de las tendencias típicas de aislamiento y abandono; b) la matriz cultural: ofrecer formación y puesta al día al colectivo mayores; c) la matriz investigación sobre sus problemas específicos.

Considerando este marco internacional se exponen algunas características generales que determinan la situación de diferentes países europeos.

1.- Ausencia de un modelo oficial claramente definido

Cada “Aula” o “Universidad” (depende de la denominación por la se opte) debe adaptar el proceso y las actividades formativas al contexto particular (histórico- cultural) del propio del país. Existe a su vez la “Asociación Internacional de las Universidades de la Tercera Edad (AIUTA) cuyos objetivos más notables son: a) crear y mantener contactos culturales y científicos entre sus miembros (cada dos años se celebra congresos internacionales); b) coordinar las actividades y especialmente las acciones de formación respetando la idiosincrasia y autonomía de cada territorio y centro; c) poner a disposición de los miembros los servicios de intercambio e información.

2.- El carácter universitario versus la estricta actividad cultural

La gran mayoría de centros en Europa se proclaman como “Universidades”. En nuestro país, a mediados de la década de los años noventa (1996), se celebra el primer encuentro de “Programas universitarios para mayores” que hace que el ámbito de formación se diversifique institucionalmente entre las denominadas “Aulas de la Tercera Edad” y los “Programas universitarios” que diseñan una formación específica para la generación de los “mayores” en los diferentes espacios universitarios.

Preferentemente en Europa se prefiere el nombre de “Universidad de la Tercera Edad” porque su intención y la de sus programas, en la mayoría de los casos, es “ser más que clubes culturales de un simple pasatiempo”. Su objetivo es acceder al saber más elevado (nivel universitario) sin excluir a las personas que no tienen estudios superiores. Su rol universitario se cumple ofreciendo a los mayores los medios de incrementar sus conocimientos para que tengan la capacidad de adoptar actitudes de participación activa en la vida cultural, social y política.

Con esta finalidad se organizan múltiples actividades: cursos, seminarios, conferencias, proyectos de formación cortos, talleres, breves trabajos de investigación-acción etc. Todo este conjunto de programas amplios pueden concluir en un certificado o diploma universitario cuyo valor académico está en función de la situación de cada país.

Con la intención de ofrecer una panorámica del contexto europeo pero no total - sería imposible abarcar la múltiple diversidad del “espacio europeo”- exponemos la situación en algunos países que presentan un carácter más particular. Se resume su intervención en la formación de personas mayores de forma concisa para centrarnos posteriormente en nuestro país. Indicaremos aquellos aspectos más fundamentales dadas las limitaciones que tiene todo trabajo.

3.2.- La situación particular de los Países nórdicos y Reino Unido.

Tomando como referencia particular los países nórdicos, nos encontramos el ejemplo más particular de Suecia y sus célebres “Círculos de estudio”. Los “Círculos de estudio” y las “Universidades Populares” son el núcleo fundamental de una educación de adultos de carácter no formal que integra tanto la adultez “intermedia” como tardía”. Por “círculo de estudio” se entiende un grupo de personas que se reúnen para realizar trabajos teóricos y prácticos de acuerdo con un plan fijado de antemano. Lo característico de este modelo es el “factor de solidaridad” y “compañerismo” que permite, en la mutua interacción y comunicación, realizar un proceso de aprendizaje cooperativo.

Situación similar acontece en Dinamarca. Por razones de ausencia de “Universidades de la Tercera Edad” (al menos con esta denominación particular) se fundó la “Academia para la Tercera Edad”. Esta academia está dividida en diferentes colectivos (se establecen grupos entre 5 y 15 miembros) que deciden por sí mismos qué estudiar, la frecuencia de su trabajo, su forma de organización buscando un marco de formación y relación claramente desburocratizado. Sus temas de estudio son, por tanto, eminentemente variados pero fundamentalmente de carácter cultural. En Dinamarca la formación de personas adultas y personas mayores, además de la propia “Academia” tiene también lugar a través de las federaciones educativas, las escuelas nocturnas y las Universidad Populares.
En el caso de Finlandia las “Universidades de la Tercera Edad” forman parte de la Universidad y participan también de las “Universidad abiertas” sin pretender obtener un diploma pero sí con la posibilidad de lograr créditos capitalizables en su propio curriculum personal. Los programas establecen una perspectiva de grupos de cooperación entre profesores y personas mayores y por tanto son muy diversificados. Se favorecen los ciclos de conferencias y los grupos de discusión.

Los principios generales que rigen esta formación se fundamentan en dos presupuestos básicos compartidos ampliamente:

a) concepto histórico y original de la Universidad como “institución que educa a las personas de una sociedad”. Los temas y cuestiones que se tratan se derivan de las propias “demandas” del grupo atendiendo a sus intereses y finalidades individuales.
b) el principio de cooperación. Toda actividad formativa es preparada por los estudiantes de las UTA que participan y el personal académico. Dado que las UTE forman oficialmente parte de la institución universitaria (el Ministerio de Educación Nacional reconoce a las Universidades como una parte de las actividades de la “Universidad abierta” en Finlandia), es posible obtener unidades de “valor universitarios” (reconocimiento de estudios) en determinadas materias (Filosofía, Sociología etc.).

La “metodología” de estudio es ampliamente diversificada: seminarios, aprendizaje a distancia, temas de investigación, conferencias etc. sin por ello descartar las actividades de carácter sociocultural (visitas, excursiones etc.).

Por lo que respecta al Reino Unido, la primera Universidad de la “Tercera Edad” surge a través de una asociación cívica y no es planificada por parte de una Universidad específica como es el caso de Francia (Universidad de Toulouse). Son los propios adultos mayores los que organizan sus programas de formación. En el momento actual los grupos universitarios de la tercera edad son miembros de “Third Age Trust” cuya finalidad específica es favorecer la educación a lo largo de la vida para un colectivo importante.

El modelo de los países nórdicos se caracteriza por favorecer una situación más autónoma de las personas, con una preocupación menos burocrática en su formación, con un carácter mucho más vitalista. Las actividades están basadas en intereses y cuestiones más intersubjetivas conectadas con las inquietudes y problemas comunes de la vida diaria de sus integrantes.
En este conjunto de países se destacan dos situaciones diferentes: los países nórdicos (sobre todo Suecia y Dinamarca), son fieles a su modelo tradición de “educación popular” y en dicho modelo encajan la formación de personas mayores (carácter asociado) así como la formación de adultos de carácter “no formal. Por otra parte, Finlandia y el Reino Unido, además de las características propias de su educación de adultos (en este caso más concreto de los “adultos mayores”) asumen acciones formativas semejantes a las “Universidades de la Tercera Edad”.

En el contexto anglófono, tal como se afirma en su documentación institucional “alrededor del país los grupos de gentes se organizan para aprender… los temas abordados varían en cada Universidad y el número de personas dependerá del tamaño y del entusiasmo del grupo”.

Por lo que respecta a la situación en Finlandia existe una mayor colaboración entre las diversas Universidades y la formación de personas mayores a través de un “Comité consultivo nacional” que reconoce a las UTE como parte de la institución universitaria y colabora en su plan de formación reconociendo los créditos que cursan las personas mayores en determinados estudios para que pueden continuar su formación y obtener un título académico en las correspondientes facultades.

3.3.- “Universidades de la Tercera Edad” en Francia e Italia.

Con carácter general, la situación en los diferentes países europeos ha ido evolucionando y adaptándose a las circunstancias particulares de cada país pero básicamente tomando como referencia el modelo que Pierre Vellas crea en Francia en 1973. Este modelo marca la pauta para futuras iniciativas y propuestas de formación de personas mayores.

3.3.1- Francia: origen y contexto de formación de personas mayores.

El contexto que preside la aparición de las UTE en Francia debe situarse en el desarrollo de la Ley de 1971 sobre la “Formación continua”. Con esta Ley “la Universidad” no es el único espacio de formación dando entrada a otras instituciones.

Las UTE van a surgir para un público emergente como era el de las personas mayores. Será la propia Universidad de Toulouse (1973) la que empieza a abrir sus puertas a los mayores creando un programa específico para ellos y tratando de contribuir a la investigación sobre la vejez. El éxito de esta experiencia se propaga rápidamente por toda Francia multiplicándose el número de instituciones y de personas que acuden a sus programas.

Sus estructuras son diferentes y resulta imposible presentar un marco referencial común. Algunas se promovieron en el marco de una universidad; otras fueron creadas por algún “Servicio de Formación Continua” o bien se desarrollaron a partir de alguna “Unidad de enseñanza y de Investigación”-como es el caso de la primera de ellas (Toulouse)- y finalmente algunas fueron propuestas por algún Instituto o bien las organizó algún profesor universitario o entidad particular.

Consecuencia de esta diversidad, el programa que cada una ofrece es múltiple y variado en función de las demandas y necesidades de los mayores, de la propia estructura organizativa y del contexto en que está situada. Con carácter general existe un marco referencial común que son los denominados “temas generales” y “temas relativos al propio grupo de las personas mayores”.

En el primer caso están las grandes cuestiones o problemas de nuestra civilización: temas jurídicos, sobre economía, sobre religión etc. que son tratados en base a conferencias o cursos específicos; le sigue el interés por determinadas materias: Historia del Arte; Literatura; Ciencias; Historia; Geografía y “Regionalismo” etc. En el segundo caso, más relacionado con la problemática del sujeto mayor, aparecen las preocupaciones sobre problemas sanitarios, jurídico-sociales y la situación de la jubilación que genera múltiples cursos o jornadas específicas.

A partir de este marco, que puede sintetizar el amplio interés de los mayores por los temas actuales, existe otro conjunto de propuestas en torno a actividades deportivas, idiomas, viajes y otros tipo de acciones tanto en la dimensión intelectual como artesanal (cine club, laboratorio de fotos, coral, música etc.).

Con carácter general, la docencia y las diversas actividades de formación es impartida por profesores universitarios cuando la U.T.E. está asociada o tiene algún tipo de convenio con la Universidad o Universidades de su entorno. En otros casos se busca a personas cualificadas del entorno o monitores. En opinión de Lemieux A. (1998), experto en estos programas, “hay que buscar un equilibrio entre los cursos tradicionales que “resultarían inadaptados” y los cursos “demasiado adaptados” impartidos por no importa quién”.

En Francia, la mayoría de las U.T.E forman de la UFUTA (Unión Francesa de Universidades de la Tercera Edad /o de “todas” las edades) creada en 1983. Con todo sus políticas varían: existen las que integran o relacionan su programa en el contexto y marco de las Universidades “clásicas” a través de un espacio compartido de su organización o directamente dentro de un Departamento específico. Otras constituyen algún tipo de acuerdo asociado. Este marco jurídico les permite una cierta garantía de nivel y calidad de sus propuestas formativas. Con todo, estos centros no suelen limitar su acción formativa a la “ciudad” donde están situados sino que intentan ser culturalmente activos en toda la región.

3.3.2.- La situación en Italia.

En Italia como en otros países europeos, las Universidades de la Tercera Edad toman como referencia el modelo francés que a partir de 1973 se va multiplicando por toda Europa. Poco tiempo después de crearse la Asociación Internacional de Universidades de la Tercera Edad (AIUTA con sede en Toulouse 1975) se fundan las primeras U.T.E. en Torino y en Trento. En sucesivos años estas instituciones se multiplican siendo hoy Italia uno de los países que cuenta con un importante número de centros y de estudiantes. (D’ Orazio, E, Florenzano, F.).

El conjunto de “Universidades para mayores” está asociado a diversas federaciones. Las más importantes son las siguientes:

a) Unitre: (Associazione Nazionale delle Università della Terza Età) crea en Turín la primera Universidad de la “Tercera Edad” en el año 1975. Su actividad actual no se centra exclusivamente en el mundo de los “mayores” es más una asociación de carácter sociocultural. Cuenta en la actualidad aproximadamente con 215 sedes en territorio italiano de los cuales 74 residen en la Región de Piamonte. Su finalidad institucional es: “educar-formar-informar”. Tratan de promover la prevención (ámbito sanitario), la investigación, apertura al territorio a través de sus diversas sedes locales. Sus objetivos intentan favorecer una educación para la ancianidad, retardar el envejecimiento del cuerpo y de la mente; impulsar el encuentro entre generaciones y grupos de estratos sociales diferentes”.

b) FEDERUNI (Federazione Italiana tra le Università della Terza Età) se constituye en 1982 y sobre todo se afianza a partir de 1985 asumiendo un compromiso específico por la formación de mayores. Acoge, a unas 250 Universidades por toda Italia con más de sesenta mil personas que asisten a sus cursos.

Entre los aspectos que destaca en este compromiso por la formación de las personas mayores se subrayan los siguientes: elaboración de una cultura de la vida como fase de la plena realización de la existencia; introducción a la “investigación sobre el territorio”; compromiso de sus centros (Universidades) por la valoración de los bienes culturales, apoyo a la creatividad de las personas inscritas y de la investigación a través de los concursos y apoyos nacionales.

c) AUPTEL/AUSER (Associazione tra le Universitá Popolari della Terza Etá e dell`Etá Libera) surge en 1993 y comprende 18 Universidades. A esta asociación se adhiere la AUSER (Associazione per l’ Autogestione dei Servizi della solidarietà:). Existe a su vez la CNUPI (Confederazione Nazionale delle Universitá Populari Italiane) con 12 Universidades populares.

En Italia las primeras Universidades Populares se crean a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX. Son prohibidas en los períodos de dictadura para asumir su
acción formativa con el retorno a la democracia. Muchas de estas Universidades comienzan a interesarse por el colectivo de las personas mayores que se inscriben en esta Universidades tal como sucede en España generando así un programa intergeneracional.

Actualmente la AUSER calcula en unas 250.000 las personas inscritas con unos 60.000 voluntarios que colaboran en sus acciones formativas en sus 1.200 sedes extendidas por el territorio italiano. La AUSER a través de sus asociaciones, centros culturales forma parte del sistema informal de educación de personas adultas. Considera la educación permanente como una exigencia primaria de la sociedad sometida a grandes transformaciones demográficas, tecnológicas y culturales que obliga a las personas y a los grupos sociales a una acción continua de actualización, de recualificación profesional y también de participación social ejerciendo una ciudadanía activa y solidaria.

Si atendemos con carácter general este amplio espectro de universidades y asociaciones más importante, ¿qué es lo que particularmente define esta situación?. Básicamente todas coinciden en una filosofía de la formación que se inscribe en el concepto de educación permanente fundado en un doble derecho: el derecho a la cultura, a nuevas oportunidades educativas y de formación y a un “saber” fruto del estudio y de experiencia como base constitutiva de un renovado proyecto de vida activa y de sabiduría; el derecho de todos, particularmente en este caso de los mayores, a tener nuevas oportunidades de formación por medio de la participación activa en las diferentes asociaciones que promueven estas experiencias. Una formación cuyo efecto no debe limitarse a ser “reparador” y “compensador” de carencias adaptada o pensada desde la rigidez formal del sistema educativo sino una formación con una dimensión crítica que trate de dar respuestas a los interrogantes y problemas que e lo largo de nuestra vida vamos encontrando las personas en las diferentes edades y particularmente en el período denominado de la “tercera” y “cuarta edad”.

Desde esta filosofía es donde se considera que este tipo de instituciones con diversas denominaciones, asociaciones y redes deben ser accesibles a cada persona, abiertas a la participación activa, liberadas de los vínculos burocráticos que tiene el sistema escolar, abiertas al diálogo y estudio con otro tipo de organizaciones que se preocupan de mejorar las condiciones de vida de las personas mayores.

Por ello, tal como se establece en los diferentes estatutos de una de las más importantes federaciones italianas, las “Universidades de la Tercera” deben definirse como una “estructura de servicios con carácter permanente para la promoción de la información y de la puesta al día sobre los problemas de las personas adultas y ancianas con el fin de conseguir una integración entre la formación cultural y las condiciones asistenciales.”

3.3.3.- El progresivo desarrollo de los programas formativos para personas mayores en Portugal y España.

Las primeras “Universidades de la Tercera Edad” (término que predomina en Portugal) comienzan sus actividades en el año 1976 en las ciudades de Lisboa y Porto. A pesar de este temprano inicio, el incremento de este tipo de instituciones se mantuvo muy reducido. Es a partir de los años 90 cuando se promueve una importante ampliación surgiendo 30 nuevas Universidades que se extienden por todo el territorio. En la propagación de esta iniciativa hay que tener en cuenta los cambios políticos sociales pero sobre todo las iniciativas de carácter municipal y ciudadanas (Requejo, A.-Cabral, F. (Coord. 2007).

Actualmente la “Red de Universidades da Terceira Idade” (Rutis) estima que existen aproximadamente unas 75 en todo el territorio portugués si bien solo se ofrecen datos específicos (región, denominación, número de alumnos, dirección y año de fundación etc.) en 64 que al menos mantienen algún tipo de vinculación con esta red.

Los objetivos principales que se fijan las UTIs en Portugal tratan de promover los siguientes ámbitos: la participación y organización de las personas mayores en actividades culturales de enseñanza y tiempo libre; divulgar la historia, las ciencias, tradiciones artes y los demás acontecimientos socioculturales; ser un polo de información y divulgación de los servicios, deberes y derechos de la población senior, establecer relaciones interpersonales y sociales entre las diferentes generaciones y finalmente promover la investigación sobre cuestiones gerontológicas.

En el último decenio algunas universidades están ya han implantado los denominados “Programas Universitarios para personas mayores”, que por el momento no están muy extendidos y que siguen las pautas del contexto español. En ambos países las relaciones entre ambos programas (Aulas /Universidades) son escasas, si bien se están generando cada vez mayores intercambios.

Por lo que respecta a España en la formación de personas mayores convergen tres instituciones. Las “Aulas de la 3ª Edad” los “Programas Universitarios para personas mayores” y las “Universidades Populares”. Siendo el programa de estas últimas de carácter intergeneracional, nos referiremos exclusivamente a las propuestas formativas de las dos primeras.

Las denominadas “Aulas” inician sus actividades formativas en Galicia (1978) y en otros contextos autonómicos. Progresivamente su programa se extiende por todo el país adaptándose a las características de cada grupo y contexto. Sus metodología y contenidos se fundamenta en diferentes aspectos de los que destacamos tres: 1) motivadora consultando a los mayores el programa/actividades que les resulta más interesante. Ello significa la posibilidad de una adaptación y transformación del
programa teniendo en cuenta las intervenciones formativas que le resultan más adecuadas e interesantes. De ahí se deriva la diversidad de “programas” de que se pueden encontrar entre una y otras “aulas”; 2) no competitiva: buscando sobre todo la cooperación entre los participantes.: No existe por tanto ningún proceso de evaluación (exámenes) y las personas pueden permanecer en el centro el tiempo que deseen siempre que las circunstancias (número de alumnos y espacios formativos etc.) lo permitan; 3) además de incluir materias de carácter académico de su interés (historia, literatura, informática etc.) destacan las múltiples actividades de carácter sociocultural (música, teatro, conferencias etc.).

Su proyecto formativo se inscribe dentro de una filosofía de la educación permanente para actuar en una doble vertiente: cultural: (acceso y participación en los bienes culturales, elevar su nivel de salud física, mental y generar actividades específicas que fomenten su creatividad) y social (integración en grupos y en la sociedad, servicio a la comunidad y colaboración con instituciones y centros de estudio que estén investigando sobre la tercera edad).

Por lo que respecta a los “Programas Universitarios” para personas mayores” son un “espacio de formación” que lleva la marca del “carácter universitario”. Cada Universidad elabora, dentro de su propia autonomía, un programa específico asumiendo como referencia tres características básicas (A Requejo, 2003): a) los contenidos de las diferentes materias deben adaptarse al nivel de formación de los sujetos tratando de ajustar el rigor y cientificidad de los contenidos a la capacidad de comprensión de los sujetos (principio de adecuación de los contenidos); b) los profesores deben tener en cuenta las situaciones específicas del aprendizaje de los mayores (tiempos/ritmos, motivación) (principio de personalización del aprendizaje); un curso universitarios para personas mayores no puede ser un curso academicista. Debe completarse con otro tipo de actividades de carácter sociocultural (principio de integración de lo académico y la realidad sociocultural).

En este aspecto, estas propuestas formativas son múltiples en España y muy diversificadas ya que cada Universidad tiene su autonomía para promover su programa propio de formación dirigido a los mayores. Algunas se centran más en lo académico. Otras tratan de hacer propuestas que equilibren la formación en el “aula” -adaptada específicamente para estas personas- con diversas actividades fundamentalmente a través de “talleres”; y “conferencias” que asumen de alguna forma los referentes de la intervención de “animación sociocultural” superando el exclusivo modelo “academicista”.

Estos programas en su conjunto pretenden en primer lugar que los mayores puedan insertarse en los procesos formativos y de extensión cultural facilitando así el acceso a conocimientos propios de la vida universitaria y de los bienes culturales en general. En

segundo lugar promover su desarrollo personal y social y finalmente ofrecer posibilidades de integración y desarrollo de relaciones intergeneracionales.

Los objetivos básicos que se proponen en estos planes de formación de las “Universidades para mayores” se centran básicamente en :a) promover las incorporación de alumnos mayores a los estudios universitarios favoreciendo su integración y participación en los procesos formativos que respondan a las necesidades y expectativas de este colectivo social; b) conectar y ampliar la oferta de estudios universitarios con criterio de interdisciplinariedad y en consonancia con los principios que inspira la educación permanente como experiencia global que se desarrolla a lo largo de la vida de cada individuo subrayando el protagonismo de las personas mayores.

Desde hace años se han constituid la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Personas Mayores” que ha ido convocando diversos encuentros para analizar el estado y evolución de estos programas dentro de la autonomía que tiene cada Universidad. En su página web que necesita una mayor actualización periódica (www.aepumayores.org) se encuentran los diferentes números de “miembros fundadores (19) y de “miembros de número (14). En todo caso en sus diferentes páginas web es posible encontrar indicaciones básicas del currículo formativo que proponen diversas universidades.

En el caso de Galicia, las tres Universidades (Santiago de Compostela /Lugo, Coruña y Vigo (mantienen un programa específico) que se promueve también en otras sedes (Lugo, Ourense, Pontevedra y Ferrol). Dichos programa se dividen en dos ciclos. Se establece que las actividades prácticas sean relevantes para no centrar exclusivamente este contexto de formación en un marco meramente “academicista”. La evaluación positiva por los procedimientos establecidos es la que permiten obtener los títulos “propios” de “Diplomado Senior” y “Licenciado Senior”.

En general, a tenor de los diversos trabajos e investigaciones llevados a cabo en distintos momentos nos indican que existen un gran interés por inscribirse en estos programas, que al mismo tiempo no están exentos de algunas críticas, y en los que valoran sobre disponer de oportunidades de formación a las que no pudieron acceder en su momentos así como sentirse en un espacio no solo agradable sino que les permite “mantenerse activo” (en opinión del 90,5%) y sobre todo “desarrollar nuevos conocimientos”.

A modo de conclusiones generales podemos decir que la “adultez” ya no es una etapa homogénea. Dadas las expectativas de la mayor “esperanza de vida” es conveniente destacar al menos tres etapas básicas: adultez inicial, intermedia y tardía. Fundamentalmente sobre ésta se ha centrado el presente trabajo en relación a las cuestiones educativas.

Referentes importantes en la política educativa de los mayores han sido las “Asambleas mundiales” (Viena, 1982, Madrid, 2002) en donde se marcan los objetivos básicos de atención particular al colectivo mayores. Uno de los objetivos está relacionado con considerar las oportunidades de formación para los mayores. Las experiencias de las “Universidades de la 3 Edad” (Toulouse, 1972) supuso por primera vez abrir las puertas a la hoy denominada “formación continua para todas las edades”.

Una formación que cada país va adaptando a su contexto particular lo que determina que no podamos referirnos a un “modelo único” sino a múltiples y diferenciadas alternativas propias de las tradiciones e idiosincrasia de cada territorio.

Dado el pluralismo de países e iniciativas se agruparon aquellas experiencias que resultan más relevantes y que marcan distintas tradiciones y estilos de abordar la atención educativa de las personas de más edad. Esta formación tiene una distinta trayectoria en cada país. A modo de resumen de lo ya explicitado anteriormente se sintetizan algunas de aquellas semejanzas y diferencias más importantes. Las agruparemos en tres modelos.

El modelo más “abierto y cooperativo” que corresponde a los países nórdicos (Suecia, Dinamarca, Noruega) en donde la libertad de elección de los temas de estudio, el carácter cooperativo y la propia metodología (más activa y participativa) son un referente singular. Con ciertas semejanzas y diferencias el Reino Unido crea sus “Universidades de mayores” a través de asociaciones cívicas que son las proponen y organizan sus acciones formativas.

En el caso francés, la mayoría de las Universidades de la 3ª edad asumen como propuestas formativas los distintos ámbitos académicos (en relación con la universidad a la que se asocian) pero asumiendo no solo la vertiente académica sino el interés por las intervenciones socioculturales y las propias preocupaciones (sanitarias, júrico-sociales, etc.) que demandan los mayores. El marco jurídico generado en un espacio y programa para los mayores, por parte de las “universidades oficiales”, permite una cierta garantía de nivel y calidad de las propuestas formativas.

Por lo que atañe a Italia, desde mediados de los años setenta, existen diferentes federaciones educativas con denominaciones distintas (Unitre, Federuni, Auptel-Anser etc.) en donde el interés es la formación de los mayores. Sin embargo el modelo y estilo de formación varía entre aquellas que están más próximas al “modelo francés” y otras que asumen el modelo de las “Universidades Populares” de carácter intergeneracional. En todo caso, sus proyectos formativos coinciden en hacer accesible a las personas una formación que trata de dar respuesta a los interrogantes que se les plantean.

Respecto, finalmente, a España y Portugal la situación es en parte complementaria y en parte divergente. En España la iniciativa “Aulas de la Tercera Edad” tiene una mayor trayectoria histórica y divergente. En España la iniciativa “Aulas” surge en 1978 por
parte del Ministerio “copiando y adaptando” el modelo francés” que luego se expande por todo el territorio. La filosofía y praxis que las inspira en sus inicios se basa en una doble vertiente: cultural (acceso de los mayores a los bienes culturales, cuidar su salud física mental, promover actividades específicas de convivencia, favorecer un ocio creativo etc.) y social (“integración” de los mayores en la sociedad frente a la segregación).

Desde entonces el número de “Aulas “se han multiplicado y muchas de ellas están federadas (FATEC: Federació de Associacions de Gent Grant a Catalunya); UNATE (Universidad Nacional de Aulas Tercera Edad). ACGEP (Asociación cultural galega de formación permanente) etc. En cuanto a la cifra total de “Aulas”, dada la complejidad y a veces la falta de distinción entre las “asociadas” y las “individuales”, se puede estimar en torno a las 90. En todo caso, más allá de datos estadísticos es necesario reconocer sobre todo el interés y la gran contribución que ofrecen los programas de las “Aulas” al desarrollo de la salud, el conocimiento y el bienestar de las personas mayores.

En cuanto a los específicamente denominados “Programas Universitarios” se han multiplicado a partir de la década de los años 90. A falta de una constante y atenta actualización, los datos de la página web (Asociación Estatal de Programas Universitarios para Personas Mayores) nos indican dos categorías de miembros (19 miembros fundadores y 14 miembros de número). Dejando aparte esta clasificación burocrática, y realizando búsquedas más detalladas por Universidades se estima que existen más de 70 programas universitarios que se imparten en los diversos centros. Al menos 40 de ellos mantienen activa su información en sus respectiva páginas “web”.

Más importante que estos breves detalles estadísticos, es la función que deben cumplir estos programas en base a los elementos básicos de su identidad: disponer de un plan de estudios estable para la generación de los mayores a largo del curso académico; la formación que se imparte debe ser reconocida con su correspondiente evaluación y título teniendo en cuanta las características y personalidad de los mayores (personalización lo más posible del aprendizaje) y tratando de que la formación académica atienda al mismo tiempo la realidad sociocultural. Son estos unos principios que vienen siendo propuestos y demandados desde sus orígenes y que deben ser un referente constante para una formación integral de las personas mayores.

Agustín Requejo Osorio
Universidad de Santiago de Compostela


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